¿Cómo has llegado hasta aquí?
Buscaste tu reflejo en un espejo equivocado. Sometida al
yugo de quienes manejaron tu niñez como artífices de una tragicomedia. Hubo
días felices, y ese es el resumen de una infancia marcada por tardes de apatía
y domingos de paseos bajo la apariencia de normalidad.
Lo cotidiano se tornaba necesidad de volar, de imaginar
otros mundos, otras vidas e identidades. Creaste un mundo paralelo que olía a
páginas de libros viejos, a tinta de otros tiempos, a nombres rebuscados y
novelas caballerescas de folletín del XIX. Y fueron éstos tus refugios en
aquella casa de escasos metros donde convivía el amor y la destrucción en
fingida armonía.
Tu destino fue como el hueso atado a un hilo que tortura al
cachorro inocente que confía en alcanzarlo. Tanto importaba cuánto corrieras
para atraparlo, pues no estaba a tu alcance, otros lo orquestaban al tiempo que
te esforzabas en llenar sus corazones y reclamar su aprobación. Las huellas que
iban dejando a su paso las almas de bondad que desfilaban ante ti, marcaron paulatinamente
los rasgos que hoy ves tan definidos en este reflejo.
Todo aquello que te ha forjado ha sido al mismo tiempo causa
de destrucción interior, de búsqueda de otro yo, rasgos desdibujados que solo tú puedes volver a trazar.
Vuela libre, alma perdida. Sigue navegando en esas páginas
que te arropan en un mundo que no logras comprender del todo. De la mano de las
musas arribarás a puerto, arrojarás el ancla y la sal del mar donde naciste curará
tus heridas. Pues tus raíces no morirán ahora que él te espera en el fondo de
ese mar.