jueves, 24 de enero de 2019

Batalla



21:07

Búscame allí donde nunca te detuviste. Deja tus huellas sobre mi piel y después vete. Sal de mi vida, sigilosa como acostumbras. Enciende un último cigarro y bésame para que el humo de tu boca me absorba hasta que no pueda distinguir tus formas. Quédate, mejor. Y sigue haciéndome enloquecer, de forma literal, como a ti te gusta. Hazme perder la razón y luego pídeme que te comprenda. Llora y ríe mientras devoras cada palmo de mi piel.

He sentido cada uno de tus suspiros en la noche, te he observado mientras tu pecho oscilaba desafiante entre las sábanas. He recorrido tu cuerpo memorizando cada lunar, cada cicatriz, absorbiendo las partículas del olor que me pierde.

Ahora sí, ahora te despiertas y te vas. Y el frío vuelve a colarse descarado por la ventana y atraviesa los poros de mi cuerpo desnudo. Mis músculos, cansados por la batalla que presentabas la víspera, no responden a la helada corriente que viaja por mi espalda. Tu cigarro sigue aquí, medio consumida la llama. Aspiro despacio, deleitándome en el sabor que tus labios han dejado. Dejo salir el humo que envidia al que salía de tu boca esta noche. Paseo mi mano por la cama y me dejo caer de nuevo en el calor que has dejado.

Y pienso; recreo una y otra vez cada segundo, cada caricia, cada suspiro, cada palabra que me has susurrado al oído, cada gota de sudor que resbalaba por tu cuerpo mientras me atrapabas en tus caderas.

Salto de la cama y corro hacia la puerta. La guerra está lejos de terminar.

"No insistas que te deje o que deje de seguirte; porque adonde tú vayas, iré yo, y donde tú mores, moraré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios."


Rut 1:16

No hay comentarios:

Publicar un comentario