martes, 22 de enero de 2019

Legado



19:45

He caminado por la orilla de este viejo río, testigo de batallas, romances y trifulcas. He visto a los bandidos acechar a sus próximas víctimas, escondidos en la esquina más oscura bajo alguno de los hermosos puentes que cruzan esas heladas aguas.

He caminado por la orilla de este viejo río, testigo de batallas, romances y trifulcas. He visto a los bandidos acechar a sus próximas víctimas, escondidos en la esquina más oscura bajo alguno de los hermosos puentes que cruzan esas heladas aguas.

He escrito palabras de dolor, de esperanza, de pasión, en esta orilla olvidada los días oscuros y concurrida los días en que el sol nos honra con su presencia. He escrito hasta sangrar mis dedos, he leído hasta enrojecer mis ojos. Siempre un libro me ha acompañado, y en la vieja librería del boulevard me esperaban tranquilos otros muchos, sabedores de que un día iría a por ellos.

Ahora me veo postrado en esta vieja cama, a la espera de que la muerte venga a recogerme, como una vieja amiga me tienda su mano y me acompañe silenciosa hasta las puertas mismas del purgatorio. Ella será mi Virgilio y estos libros ajados que llenan mis paredes son el reflejo perfecto de mi propia alma.

Pronto todos serán tuyos, mi joven amigo. Y tengo la esperanza de que los amarás como yo los he amado y los cuidarás como una prudente madre protege a sus pequeños. Ellos son lo único valioso que te legaré. Ellos me han acompañado en mis días más oscuros, siempre me dieron la respuesta a cada pregunta, por absurda, incoherente o desesperada que éstas fueran.

Estos libros serán tu consuelo, tu réplica, tu roca.

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