17:30
Hay una reflexión obligatoria que debes hacer. Debes detenerte a mirar dónde pones los pies. Es necesario que no pises las flores que decoran los bordes del camino. Resulta imprescindible que, de vez en cuando, recojas algunas de ellas y admires la belleza de lo simple. Cuando camines, respirando el aire puro y real de estas montañas que te rodean, da gracias a aquello que prefieras. Pero se siempre agradecido. Cree en el camino que llevas, confía en la naturaleza que te acompaña, lucha con las dudas que te asaltan al anochecer, cuando no encuentras un refugio contra el frío.
¿Necesitas una certeza? Mira dentro de ti. Escucha los latidos que estallan en tu pecho. Se consciente de tu libertad, de los pasos que te llevan hacia lugares desconocidos. Ama cada acto que lleves a cabo. Pon tu alma en cada palabra que escribes en esos cuadernos arrugados, ponla en las miradas silenciosas, regala una caricia a los animales que corren libres, salvajes, a los que te gusta contemplar hasta derramar lágrimas de felicidad.
Valora aquello que te acompaña y no te abandona, porque eres único y merecedor de ello. Concede tu corazón a cada pequeño detalle. Siéntate y conversa con el viejo que te mira desde las puertas de su hogar.
Y después, continúa caminando.
Más adelante quizás conocerás a otro viajero casual que recorre distancias imprecisas. Un alma afín tal vez con quien conversar acerca de los pasos que habéis dado. Quién sabe si os habréis cruzado en algún punto de vuestro viaje. Casualidades, hechos eventuales que os hacen pensar que no estabais solos en el camino incierto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario