jueves, 10 de enero de 2019

La Calma


19:00

Te prestaría mis ojos para que pudieras ver lo que yo veo. El movimiento acompasado de tu pecho, tu respiración tranquila, serena. Tu nariz apuntando al cielo y tus rizos derramados en la almohada.

Cierro los ojos e intento evocar cada crepúsculo que hemos vivido. Como un pintor venido a menos intento plasmar en el lienzo de mis sábanas cada pulgada de tu cuerpo. Un bohemio parisino en la penumbra de un destartalado ático del boulevard. Y mientras, te estiras perezosa a la espera de una nueva batalla en la que te sabes vencedora. Nuestra cama, una llanura donde se libran combates por la libertad del placer.

Disfrutas el sabor de la victoria en cada beso que me regalas, tus labios una fuente de triunfo donde con gusto me perdería a la deriva. Tus manos, testigos mudos de mi llegada a nuestro cielo. La paz infinita y el denso silencio de la calma que sigue a la tormenta de los latidos desatados cada noche.

En el alféizar se posa aquél felino que nos acompaña en el ritual de cada amanecer, atento a nuestros movimientos vagos. Se recoge sobre sí mismo y se ovilla en una peluda bola fría tras el paseo de la mañana.

Huele a rocío recién caído en la hierba, a leña recién prendida en la sucia chimenea y a café intenso, casi tan negro como tus ojos.


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