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Caminar por caminar. Inercia. Dejando que tu cerebro envíe sus despiadadas órdenes a tus piernas para moverse inconscientemente por estas calles oscuras.
La humedad te ha calado hasta los huesos, el frío hace salir el vaho en cada exhalación, tus dedos casi inmóviles no pueden ya señalar un punto claro en el infinito. Tu camino está marcado y aquella vieja brújula hace años que se cansó de vivir.
De manera que te encuentras perdida en un camino incierto, apenas con lo puesto, un par de cuadernos vacíos y varios lápices afilados que quizá te ayudarán a plasmar los detalles de un viaje absurdo.
Continuará
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