martes, 28 de mayo de 2019

Tenaz


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Callar. Puede que esa sea la solución. Dejar que las palabras que no se atreven a salir se vuelvan una bruma en nuestro pecho y vuelen al fin libre, capaces de estremecernos en la sinceridad de sus sonidos. Prestar atención y escuchar sin más el eco de los sentimientos que no nos atrevemos a expresar. Aquellos que únicamente podemos escribir y guardar en un cajón a la espera de que el polvo y los años los entierren en el olvido.

Quizá esperamos al último momento, cegados en nuestra mezquindad, para decir todo aquello que debiéramos haber dicho hace tanto tiempo. El último suspiro, el aliento rezagado de vida que se extingue en nuestros ojos.

No me quedó nada por decir y ese es todo mi consuelo. No aquella noche, no a ti. En el instante mismo en que tus ojos se apagaron, mi última palabra de amor, mi última sonrisa, hacía tiempo que te fueron entregadas.

Pido que seas tú quien me ayude a callar, a escuchar y a ser valiente para decir a tiempo todo aquello que no quiero que pase desapercibido a quienes amo.

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