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Tan libres como mis actos y mis pensamientos desean ser las palabras que no se atreven a salir de mi boca. Tan salvaje es el instinto que me lleva a reprimir un grito ahogado que de un momento a otro explotará dentro de mí, dejando un árido desierto como único recuerdo de lo que un día fui.
Se acabarán los caminos y se reducirán a cenizas los días venideros. No quedará más remedio que ahogar el llanto, apuntar bien alto y disparar todo lo que alberga el rincón más oscuro de mi corazón. Resurgiré como el hermoso ave fénix y la historia volverá a escribirse. Palabras absurdas sobre papel arrugado que a nadie interesan.
El fondo de una ajada mochila que plantea un misterio para quienes no me conocen. Todo lo que me acompaña son viejos libros, lápices mordidos por el extremo, cuadernos con atormentados escritos y algunos objetos que me recuerdan que habito aún la tierra de los vivos.
Verán la luz todas las reflexiones que hoy se presentan moribundas en el umbral de mi húmeda cabaña. Y la primavera traerá el deshielo de los besos que quedaron en el aire.
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