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Callar. Puede que esa sea la solución. Dejar que las palabras que no se atreven a salir se vuelvan una bruma en nuestro pecho y vuelen al fin libre, capaces de estremecernos en la sinceridad de sus sonidos. Prestar atención y escuchar sin más el eco de los sentimientos que no nos atrevemos a expresar. Aquellos que únicamente podemos escribir y guardar en un cajón a la espera de que el polvo y los años los entierren en el olvido.
Quizá esperamos al último momento, cegados en nuestra mezquindad, para decir todo aquello que debiéramos haber dicho hace tanto tiempo. El último suspiro, el aliento rezagado de vida que se extingue en nuestros ojos.
No me quedó nada por decir y ese es todo mi consuelo. No aquella noche, no a ti. En el instante mismo en que tus ojos se apagaron, mi última palabra de amor, mi última sonrisa, hacía tiempo que te fueron entregadas.
Pido que seas tú quien me ayude a callar, a escuchar y a ser valiente para decir a tiempo todo aquello que no quiero que pase desapercibido a quienes amo.
martes, 28 de mayo de 2019
Tenaz
domingo, 19 de mayo de 2019
Valor
20:55
Mis manos desnudas son el reflejo de lo que siempre temí alcanzar y al mismo tiempo de aquello a lo que me aproximaba sin control y sin querer evitarlo. El camino confuso por el que me perdía siendo aún un niño inocente. La imaginación desbordada que me empujaba a huir de la realidad inventando historias inverosímiles era la misma que traía los monstruos a mi cama cada noche.
Hoy mi rostro proyecta las sombras de las que nadie supo protegerme. Los temores acallados durante años, la rabia convertida en coraje y la frustración el impulso justo para crecer a la deriva. Las inseguridades que me persiguieron son hoy mis viejas amigas, aliadas en la batalla diaria, compañera en cada mañana.
Hoy nada puede ser peor. Las lecciones más duras se forjaron a fuego en mi alma. Nada terminó de escribirse, soy el autor independiente al que a nadie interesa leer. Sigo trazando mi destino cada día, cada mañana.
Pero aún hay espacio para el amor. Para los besos que sí recibimos, para las risas que sí se escucharon en momentos de felicidad por los que luchaste con valor.
De mi rabia nace mi fuerza.
martes, 7 de mayo de 2019
5:35
Sin pena ni gloria. Sin vino y sin sombra. Añoras todo lo que nunca tuviste y te extrañas de ser lo que nunca fuiste. ¿Qué intentas demostrar? La jaula en la que te hicieron cautivo hace tiempo que se abrió y sigues encerrado dando vueltas, creyéndote una bestia invencible, ignorando lo frágil que el orgullo te hacer ser. Todo cenizas, un día serás polvo y ceniza y ya nunca sabrás qué habría ocurrido de haber tenido una vida de verdad.
Cuéntame más. Sigue mintiéndote, sube a ese tren o déjalo pasar, haz algo que te haga sentir que sigues en este mundo. Camina o para. Escucha el silencio, piensa en los que no están ya aquí. Olvida de una vez qué habría esperado nadie de ti. Sencillo. Valora y dibuja esos mapas que tantas veces formaste en tu cabeza. Cruza esas cordilleras, hunde tus pies en la nieve y siente el frío clavarse como cuchillos en tus pies.
Hace tiempo que no ves un amanecer. Quizá este es un buen momento. Déjate caer en el césped húmedo todavía y despídete de las estrellas que te han acompañado en esta noche eterna. Di adiós, hasta luego, hasta siempre. Despierta. Abre los ojos al nuevo día que se despereza en tus narices.
Espabila. Aterriza con los pies en el suelo helado. Mírate al espejo y renuncia a las batallas inútiles. Las tentaciones vacías nunca ayudaron a nadie.
Sé real.
miércoles, 1 de mayo de 2019
Azul
21:34
Concédeme un minuto de paz frente a este mar en calma. Me encuentro de nuevo aquí parada en mitad de esta hermosa orilla que me cuenta hoy historias de nuestra vida pasada.
De tu mano caminé sobre esta arena suave marcando con las huellas de mis pequeños pies el destino que se iba escribiendo para mi, para los dos. Me guiabas por las rocas que se yerguen firmes sobre el mar azul, cristal que reflejaba nuestros rostros. Nos sentábamos en la última de aquellas rocas y me explicabas que existían otros mundos allí donde el mar parece fundirse con el cielo. Me contabas qué era el horizonte y qué había más allá. Siempre me pedías que mirase más allá de todo aquello que me rodeaba.
Así aprendí que nada es certero, que todo es relativo. La rotunda afirmación de que la tierra nos sobrevivirá y debemos amarla como a aquello que nos pertenece.
Me legaste tus libros, un collar de cuentas gastadas y lecciones que me ayudan a seguir caminando.
Y ese fue tu patrimonio.